sábado, enero 7

LOS MISMOS DE SIEMPRE













DE VUELTA


Hay cosas que verdaderamente producen vergüenza ajena, dan pena. Y los responsables de ello son talmente patéticos. No hay nada como salir unos días y al regresar ver como los patéticos lo son aún más, y que continúan en el mismo sitio.

Nuestra democracia, aparte de ser totalmente injusta a la hora de establecer la representación parlamentaria en función de los votos obtenidos, nos niega a los ciudadanos la posibilidad de quitar del poder a aquellos que elegimos si estos no cumplen con el programa que prometieron, y que les permitieron ser elegidos.

A nivel nacional la cosa es puramente un fraude electoral en toda regla. Rajoy y su presunto gobierno de salvación se han tomado su mayoría como un cheque en blanco para hacer lo que les salga. Y de lo prometido nada, a tenor de sus primeras medidas. Más bien todo lo contrario. O a ver con que cara se han quedado los que les dieron su confianza ante la primera medida de subir los impuestos, justo lo contrario a su bandera electoralista.

A un nivel más bajo, el provincial, otro jarro de agua fría para los ciudadanos, sobre todo los que vivimos en pequeños municipios. La Diputación Provincial de Málaga recorta en un 49 por ciento el destino de fondos a los ayuntamientos. ¿Para que coño existe entonces este organismo?

Y de aquí, de nuestro pueblo, de Gaucín, todos y todas ya conocemos de primera mano las intenciones de nuestros gobernantes, que a diferencia de sus compañeros peperos de provincia y nación, carecen de esa mayoría absoluta, que no de prepotencia. Sus decretos y medidas han llevado directamente a eliminar a quienes, a título personal exclusivamente, no les interesan, y que están siendo sustituidos por amiguetes y enchufados, cuya única finalidad es acentuar sus intereses personales.

Y al pueblo que les jodan. Es así de claro.

Ni dan trabajo, ni buscan inversiones, ni mejoran la economía local. Y su excusa es, como no podía ser otra, la herencia recibida. ¿Para que entraron entonces?. La vergüenza que produce su gestión quedará en eso, en vergüenza, si no nos afectara a nuestros bolsillos y calidad de vida.

Con unos servicios sociales completamente desaparecidos, intentan camuflar esas vergüenzas en pseudos actividades calificadas de cultura y deporte. Y claro, la cosa es de risa. Unas jornadas de micología destinadas a servir de actividad a los trabajadores de una multinacional del Campo de Gibraltar, una fiesta de fin de año preparada para salir del paso, a prisa, corriendo, improvisada, cutre, y que resulto un fracaso absoluto. El alcalde apareció por allí unos minutos y se fue con su pequeño comité, la plebe era demasiado poco para la celebración del nuevo año. El segundo de a bordo no se digno a abandonar su castillo, y de la “fiesta” se encargaría el concejal de cultura, que lidió con el Convento vacío. Y antes de ayer pasearon por las calles un esperpento que se atrevieron anunciar como Cabalgata de Reyes.

¿No les da vergüenza? Bueno, para sentir eso antes deben de tener algún tipo de sentimientos. Vergüenza es haber privado a los niños y niñas de Gaucín de un pequeño detalle a modo de regalo de Reyes. Ni un simple peluche. Hay que tener cara dura, y escasa sensibilidad, para no tener un gesto con los más pequeños. Se gastan fortunas en indemnizaciones, en contrataciones, en secretarias y asesores, en estudios inútiles, y en un sueldo para el alcalde, quién prima su industria a su trabajo en el cargo. Pero para los niños y niñas no había unos pocos (no se necesitan tantos) euros para regalarles un detalle. Ni siquiera se molestaron en cumplir su ilusión de cada año, la mayor ilusión de todo niño, dar la carta al Cartero Real. ¡Que eso no cuesta dinero! Y decorar un tractor con algo, tampoco.

Simplemente es falta de interés por los vecinas y vecinos. En Navidad la han cagado con los pequeños, pero ya han hecho lo propio con los mayores, los jóvenes, con las asociaciones. Solo le meten mano, y mal, a lo que a ellos les interesa.

Bueno, después de darme una vuelta navideña, me vuelvo a encontrar con la realidad de esta gente, de esta panda con escasa representación y grandes dosis de cara y prepotencia. Mi reencuentro con estos patéticos, que solo producen vergüenza con sus actos.

Para este año que comienza creo que deberíamos eliminar esas buenas intenciones de olvidos y perdones, y borrón y cuenta nueva. De eso nada. Yo, ni olvido, ni perdono. Por el momento, espero. Solo por el momento.

A mi los patéticos no me dan pena. Me joden. Y no me gusta que me jodan, al menos de esa manera.