DE VUELTA
Hay cosas que verdaderamente
producen vergüenza ajena, dan pena. Y los responsables de ello son talmente patéticos.
No hay nada como salir unos días y al regresar ver como los patéticos lo son aún
más, y que continúan en el mismo sitio.
Nuestra democracia, aparte de ser
totalmente injusta a la hora de establecer la representación parlamentaria en
función de los votos obtenidos, nos niega a los ciudadanos la posibilidad de
quitar del poder a aquellos que elegimos si estos no cumplen con el programa
que prometieron, y que les permitieron ser elegidos.
A nivel nacional la cosa es
puramente un fraude electoral en toda regla. Rajoy y su presunto gobierno de
salvación se han tomado su mayoría como un cheque en blanco para hacer lo que
les salga. Y de lo prometido nada, a tenor de sus primeras medidas. Más bien
todo lo contrario. O a ver con que cara se han quedado los que les dieron su
confianza ante la primera medida de subir los impuestos, justo lo contrario a
su bandera electoralista.
A un nivel más bajo, el
provincial, otro jarro de agua fría para los ciudadanos, sobre todo los que
vivimos en pequeños municipios. La Diputación Provincial
de Málaga recorta en un 49 por ciento el destino de fondos a los ayuntamientos.
¿Para que coño existe entonces este organismo?
Y de aquí, de nuestro pueblo, de
Gaucín, todos y todas ya conocemos de primera mano las intenciones de nuestros
gobernantes, que a diferencia de sus compañeros peperos de provincia y nación,
carecen de esa mayoría absoluta, que no de prepotencia. Sus decretos y medidas
han llevado directamente a eliminar a quienes, a título personal exclusivamente,
no les interesan, y que están siendo sustituidos por amiguetes y enchufados,
cuya única finalidad es acentuar sus intereses personales.
Y al pueblo que les jodan. Es así
de claro.
Ni dan trabajo, ni buscan
inversiones, ni mejoran la economía local. Y su excusa es, como no podía ser
otra, la herencia recibida. ¿Para que entraron entonces?. La vergüenza que
produce su gestión quedará en eso, en vergüenza, si no nos afectara a nuestros
bolsillos y calidad de vida.
Con unos servicios sociales completamente
desaparecidos, intentan camuflar esas vergüenzas en pseudos actividades
calificadas de cultura y deporte. Y claro, la cosa es de risa. Unas jornadas de
micología destinadas a servir de actividad a los trabajadores de una
multinacional del Campo de Gibraltar, una fiesta de fin de año preparada para
salir del paso, a prisa, corriendo, improvisada, cutre, y que resulto un
fracaso absoluto. El alcalde apareció por allí unos minutos y se fue con su pequeño
comité, la plebe era demasiado poco para la celebración del nuevo año. El segundo
de a bordo no se digno a abandonar su castillo, y de la “fiesta” se encargaría
el concejal de cultura, que lidió con el Convento vacío. Y antes de ayer
pasearon por las calles un esperpento que se atrevieron anunciar como Cabalgata
de Reyes.
¿No les da vergüenza? Bueno, para
sentir eso antes deben de tener algún tipo de sentimientos. Vergüenza es haber
privado a los niños y niñas de Gaucín de un pequeño detalle a modo de regalo de
Reyes. Ni un simple peluche. Hay que tener cara dura, y escasa sensibilidad,
para no tener un gesto con los más pequeños. Se gastan fortunas en
indemnizaciones, en contrataciones, en secretarias y asesores, en estudios inútiles,
y en un sueldo para el alcalde, quién prima su industria a su trabajo en el
cargo. Pero para los niños y niñas no había unos pocos (no se necesitan tantos)
euros para regalarles un detalle. Ni siquiera se molestaron en cumplir su ilusión
de cada año, la mayor ilusión de todo niño, dar la carta al Cartero Real. ¡Que
eso no cuesta dinero! Y decorar un tractor con algo, tampoco.
Simplemente es falta de interés
por los vecinas y vecinos. En Navidad la han cagado con los pequeños, pero ya
han hecho lo propio con los mayores, los jóvenes, con las asociaciones. Solo le
meten mano, y mal, a lo que a ellos les interesa.
Bueno, después de darme una
vuelta navideña, me vuelvo a encontrar con la realidad de esta gente, de esta
panda con escasa representación y grandes dosis de cara y prepotencia. Mi
reencuentro con estos patéticos, que solo producen vergüenza con sus actos.
Para este año que comienza creo
que deberíamos eliminar esas buenas intenciones de olvidos y perdones, y borrón
y cuenta nueva. De eso nada. Yo, ni olvido, ni perdono. Por el momento, espero.
Solo por el momento.
A mi los patéticos no me dan
pena. Me joden. Y no me gusta que me jodan, al menos de esa manera.
